Esa noche decidí no salir a dar mi paseo nocturno, pues al no ver a la lechuza en la rama de siempre, pensé que no habría luz de luna y la oscuridad impide ver por dónde dar el siguiente paso.
Me senté en mi butaca en la biblioteca, abrí ese libro que tanto tiempo llevo leyendo sobre entomología y...
Un escalofrío recorrió mi espalda.... pero los pies no estaban fríos. Tampoco se apreciaban corrientes en la casa.
Me acerqué a la ventana y asomado giré los ojos guiñándoles con esfuerzo, por intentar penetrar en la oscuridad. El frío que emanaba del cristal dejó entumecida parte de la cara. Está helando pensé y en ese momento el reloj anunció que era las once de la noche.
Regresé a mi butaca, pero algo me llamó la atención. Encima del libro había un sobre cerrado. Era un sobre grande, abultado, envejecido...como de otro tiempo. Estaba cerrado y sellado con lacre.
Lo palpé con los dedos y dudé si abrirlo o no. Desde luego yo no lo había llevado ahí, no era mío, pero estaba en mi casa, en mi butaca preferida. ¿Qué sería lo que habría dentro?
Rasgué el lacre con las uñas y el sobre se abrió ante mis ojos, soltando polvo y olores diferentes......
continuará
No hay comentarios:
Publicar un comentario